Y tú, ¿qué haces para limitar el desperdicio de alimentos?

Según datos de la FAO, un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano se pierde o se desperdicia en todo el mundo. Eso significa, en términos globales, 1.300 millones de toneladas que, cada año, terminan en la basura. Este desperdicio se da desde el punto de producción hasta el consumo final. ¿Te animas a reducir estas cifras? También está en tu mano.

Quizá no te hayas parado a pensar sobre ello pero, en cuanto reflexiones sobre el tema, entenderás que la pérdida de alimentos representa un desperdicio de recursos que no podemos permitirnos: desperdiciamos la tierra agrícola, el agua y la energía, e incrementamos inútilmente las emisiones de gases de efecto invernadero. La propia FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), junto con otras muchas instituciones nacionales, locales o globales, están luchando para evitar esa pérdida de alimentos. Pero la solución también está en tu mano. Tú también puedes reducir tu huella alimentaria al tiempo que mejoras el planeta… y tu bolsillo. Para ello, sigue estos consejos ofrecidos en la campaña “Piensa. Aliméntate. Ahorra” puesta en marcha el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), junto con FAO y Messe Düsseldorf:

  1. Piensa antes de comprar. Planifica tus comidas y usa listas de la compra para evitar compras compulsivas. No adquieras más de lo que necesitas.
  2. Consume fruta “fea” siempre que sea posible porque, de otro modo, esos productos se desperdiciarán. Los productores y canales de venta asumen que solo queremos productos perfectos en cuanto a forma, tamaño o color.
  3. Consumo preferente no equivale a caducidad. El habitual “Consumir antes de” de los alimentos es una fecha proporcionada por la empresa que indica el momento de mayor calidad del alimento. Eso significa que la mayor parte de los productos pueden consumirse después de ese día. La única fecha realmente importante es la de “Caduca en”, cómetelo a tiempo o comprueba si puede congelar ese producto.
  4. Acaba con todo. Sé creativo y utiliza todos los alimentos de tu despensa o tu frigorífico. ¡Sí, todos! Siempre hay nuevas combinaciones y soluciones con las que poner volar a tu imaginación
  5. No te cortes y ¡usa tu congelador! Los alimentos que se congelan duran más. Congela productos frescos y restos antes de que se estropeen. También puedes hacer esto con la comida que te sobre en el restaurante.
  6. Las medias raciones son una excelente elección en bares y restaurantes para no tener que tirar nada.
  7. ¿Has pensado en hacer abono? Si tienes espacio, puede ser una buena idea para reutilizar tus restos de comida y que tu jardín luzca precioso.
  8. Método contra los despistes. Los expertos en logística lo llaman sistema FIFO (First In First Out) o PEPS (Primeros en Entrar Primeros en Salir) y es un método que consiste en consumir antes lo que compraste antes. Para ello basta con que guardes tus compras más antiguas delante para consumirlas pronto.
  9. ¡A los ricos restos! Los restos del pollo asado de esta noche pueden ser parte del bocadillo o de la ensalada de mañana y el pan de ayer puede convertirse en costrones de hoy. Pon tu creatividad a trabajar, busca trucos en la web o, casi mejor, pregunta a tu abuela cómo cocinar con sobras. Seguro que ella no lo ha olvidado. Y, por supuesto, pide en tu restaurante que te empaqueten la comida para llevar y congela lo que no vayas a consumir inmediatamente.
  10. ¡Dona lo que no vayas a aprovechar! Refugios, bancos de alimentos y otras instituciones estarán encantados de recibir alimentos no perecederos cuando pienses ausentarte una larga temporada de casa y pienses vaciar tu despensa.