“Si compramos directamente al agricultor generamos desarrollo local”

Entrevista con Piero Carucci, responsable de área de CERAI

Todo empezó cuando la Concejalía de Comercio, Abastecimientos y Mercados, junto con la de Agricultura, Huerta y Pueblos de València pidió a la ONG CERAI un estudio sobre canales cortos de comercialización de productos agrícolas en el municipio; es decir, de qué manera el agricultor de la huerta hace llegar sus productos de proximidad al consumidor, si lo hace a través de plataformas de comercialización municipales que implican venta directa o a través de un intermediario.

Gracias a las conclusiones de este estudio se ha “redescubierto” una plataforma de venta directa de frutas y verduras tradicional, la Tira de Contar y, vinculada a ella, toda una serie de estrategias y proyectos que pueden beneficiar tanto a los productores como a los consumidores, incluso al medio ambiente. Hablamos con Piero Carucci, miembro de CERAI y uno de los responsables de materializar estas iniciativas.
Pregunta:  Antes que nada, Piero, cuéntanos qué es CERAI.
Respuesta: Las siglas CERAI corresponden al Centro de Estudios Rurales y Agricultura Internacional, una ONG que nació en Valencia hace 23 años y que está especializada en temas de desarrollo rural; hemos trabajado sobre todo en Latinoamérica y África, y ahora hemos vuelto a casa porque aquí también hay problemas que podemos ayudar a resolver. Además, hemos acumulado mucha experiencia fuera de aquí con operaciones que han conseguido dinamizar la producción local y que se pueden aplicar perfectamente en el campo valenciano.
P: ¿Y por qué potenciar los canales cortos de comercialización? ¿Qué ventajas presentan respecto a otras formas de comercializar los productos agrarios?
R: Aquí partimos de un problema grave que afecta tanto al campo valenciano como prácticamente a todas las estructuras agrarias del mundo y es la diferencia entre los precios que cobran los agricultores y el precio que paga finalmente el consumidor. Un buen ejemplo es lo que ha pasado esta primavera pasada con la cebolla, que en el campo se pagaba entre 5 y 7 céntimos el kilo y en el mercado se vendía a 1 euro, una diferencia de casi un 2.000 % que es inviable para el agricultor. Por otra parte, las cadenas de suministro reducen las rentas de los agricultores y generan toda una serie de operadores logísticos que generan gran contaminación y que alejan el producto desde el punto de producción. Ahora mismo se pueden estar vendiendo en el mercado de Ruzafa, por ejemplo, tomates holandeses -Holanda es el primer exportador de tomates del mundo- y , además, a precios más baratos que los de aquí; una operación poco limpia porque el objetivo de vender tan barato es bajar los precios de los productos de aquí.
Ante estos problemas surge la idea de los canales cortos de comercialización, hay que restablecer el contacto entre la producción y los consumidores; de esta manera el agricultor puede tener más margen comercial y el consumidor puede pagar un precio justo por unos productos de calidad y saludables. Además está el tema de la sostenibilidad ambiental, el Pacto de Milán, la potenciación de la cultura del territorio y el desarrollo local: si compramos productos de aquí, a buen precio y directamente a los agricultores, estamos generando desarrollo local.

Partimos de un problema grave: la diferencia entre los precios que cobran los agricultores y el precio que paga finalmente el consumidor

P: ¿Y cómo estamos en Valencia por lo que respecta a las plataformas de venta directa? Porque tenemos una, y muy antigua, la Tira de Contar.
R: Sí. El primer paso ha sido poner en valor la Tira de Contar de Mercavalencia. Evidentemente no hemos descubierto nada, las tiras de contar han existido desde siempre en Valencia. Han estado en el antiguo mercado de Abastos y en muchos mercados municipales. Recordemos que la Tira de Contar es una institución valenciana que tiene sus orígenes en el siglo XII, dicen, y que básicamente consiste en el derecho que tienen los labradores de la huerta de poder vender directamente sus productos en los mercados de la ciudad. La más importante está en Mercavalencia y se comercializa una tercera parte de todas las ventas que se hacen en este gran mercado, entre 30.000 y 40.000 toneladas al año. Todos estos productos venden directamente a la ciudad y ¿sabes dónde se pueden encontrar? Buena parte los encontramos en los mercados y, mayoritariamente, en las tiendas de frutas y verduras de los comerciantes paquistaníes, y muy poca gente lo sabe. Nadie pregunta en el mercado si lo que está comprando es un producto valenciano y menos en la verdulería del barrio. Por eso hay que hacer visibles estos productos.
P: ¿Y cómo puede saber el consumidor valenciano que lo que hay en las cajas de la verdulería es un producto que viene de Mercavalencia, que es de la huerta, que proviene de agricultura tradicional y que está producido por pequeños agricultores?
R: Con una etiqueta. En septiembre tendremos una etiqueta especial en fase de experimentación. Tendrá el aspecto de una paleta de esas que se utilizan en los mercados para indicar los precios. En esta etiqueta podremos leer el nombre del producto y el precio, el nombre del productor y un documento de trazabilidad (DTPI) en el que tendremos todas las características de la producción y el camino que ha recorrido ese producto hasta el mercado o la tienda donde se encuentra. El DTPI será entregado a los clientes (minoristas) cuando compren en Mercavalencia. Tendremos que ver cómo responden los vendedores ante esta iniciativa. De momento, a los agricultores, les ha encantado.
P: La Ordenanza prevé que en todos los mercados municipales pueda establecerse una tira de contar, pero la verdad es que quedan pocas.
R: Sí, poco a poco han ido desapareciendo. Funciona la del mercado del Cabanyal, con 5 productores que una vez a la semana venden sus productos y funciona bastante bien. Además, desde hace unos meses hemos puesto en marcha la del mercado de Mossén Sorell. No fue fácil porque primero tuvimos que vencer las dificultades que suponía la actitud de los vendedores del mercado, que consideraban que la tira de contar era una competencia para sus negocios, sobre todo los comerciantes de fruta y verdura. Negociaremos y les explicaremos que a la larga sería beneficioso para todos. La experiencia demuestra que cuando unos vendedores de productos de temporada, de proximidad, ecológicos… se posicionan al lado de un mercado generan más movimientos económicos. Los productores de la tira de contar, normalmente, comercializan solo productos de temporada y en pocos casos fruta, así que los clientes que se acercan compran el resto de productos dentro del mercado. Además, los clientes de la tira de contar son personas que normalmente no van al mercado, es decir, el establecimiento gana una clientela nueva. Claro, esto no es automático y las consecuencias positivas para los vendedores de los mercados se deben mirar con perspectiva. Es normal que al principio estén reticentes, pero de momento está funcionando bien. Nuestra propuesta es abrir la tira de contar en otros mercados municipales, hay 13 funcionando y con un buen potencial. Naturalmente, no habrá tira de contar todos los días, un o dos días a la semana es más factible, ya que el pequeño productor no puede estar todo el tiempo vendiendo; si fuera así, estaría cambiando su actividad económica de agricultor a comerciante, entonces, ¿cuándo trabajaría en el campo?

La experiencia demuestra que cuando unos vendedores de productos de temporada, de proximidad, ecológicos… se posicionan al lado de un mercado generan más movimientos económicos.

P: En Valencia y a muchas otras ciudades y pueblos valencianos funciona otra plataforma de venta directa, son los llamados mercadillos (mercados ambulantes), pero por lo que respecta a la ciudad de València no hay productos agrícolas.
R: La Ordenanza lo prohíbe. Esto es así desde los años 80, una medida para prevenir los robos en el campo y por una interpretación incorrecta de las normas higiénico-sanitarias que consideraban no recomendable vender fruta y verdura en la calle. De todas maneras, en lo que estamos trabajando con la Concejalía de Agricultura, Huerta y Pueblos de València es en lanzar mercados agroecològicos en los barrios donde no hay mercado, por ejemplo en Benimaclet, que tenía un mercado en la plaza, pero que desapareció con la remodelación. Construir un mercado es una intervención muy costosa, pero abrir un mercado semanal los sábados por la mañana en la plaza sí que es viable; los propios vecinos de Benimaclet lo están reclamando; de hecho, las asociaciones del barrio ya han organizado algunos mercados de venta directa para probar. Será una especie de tira de contar, pero desligada de los mercados municipales y de los mercados de venta no sedentaria. Además, la idea es que funcione con autogestión o gestión compartida entre agricultores e instituciones para que no tenga ningún coste para el Ayuntamiento. Eso se ha hecho ya en otros ciudades: se licita el servicio y una organización sin ánimo de lucro gestiona las tasas de ocupación y recauda cuotas entre los productores que sirven para dinamizar el mercado (actuaciones musicales, culturales, infantiles…). Sería interesante empezar por un barrio y después exportar la idea a las pedanías y pueblos de València. La cuestión es lanzar estas operaciones y con el tiempo que los labradores transformen su manera de producir. Recordemos que hay unos 6.000 alrededor de València y que lo están pasando fatal; seguro que podemos conseguir que lo pasen mejor.

Autor: Alfons Pelló
Imágenes: M. Sierra