El problema de las tazas de café y los residuos de plástico

¿Es necesario que tengamos acceso a la comida y servicios 24 horas al día, 7 días a la semana? Esto es al menos lo que una creciente cultura e industria nos ha ido sugiriendo desde la década de los 80 en EEUU y los 90 en Europa. Un doner kebap para comer, un rápido refrigerio en el quiosco cercano a la estación de metro y, claro está, sin olvidar el café extra largo de la gasolinera en el camino a casa…

Todo esto parecen momentos de in(quietud) en un mundo cada vez más acelerado con dos ventajas clave: horarios de apertura más largos de lo normal y una gran variedad de productos para hacer la vida más fácil y eficiente. En otras palabras, son ahorradores de tiempo. Parece que la cuestión principal ya no es “qué” o incluso “quién”, sino “cómo” y “donde” comemos.

Esta cultura “para llevar” nos está confrontando, sin embargo, con un problema cada vez mayor: ¿qué hacer con toda la basura? Aunque muchas de estas tazas están hechas de papel o incluso papel reciclado, su revestimiento consiste en plástico de polietileno, el cual sólo se descompone lentamente en la naturaleza. Convertidos en micro-plásticos, estos van a parar a los suelos y las aguas subterráneas.

Tan sólo en Alemania se consumen 320.000 tazas de café “para llevar” cada hora, ¡esto representa 2.8 mil millones de tazas al año! Además la producción de tazas de café para llevar devora cantidades masivas de recursos y energías: 29.000 toneladas de papel, 1,5 mil millones de litros de agua y 320 millones de kWh de energía. Y no olvidemos las 83.000 toneladas de CO2. Así que no es de extrañar que las ciudades estén dando la voz de alarma.

Muchas ciudades alemanas han comenzado a dar una respuesta mediante la introducción de tazas reutilizables y sistemas de depósito, como por ejemplo la “Freiburg Cup”, el sistema “RECUP” o “Mehrweg=Mehrwert” en Berlín Spandau. La idea es fácil: diferentes cafés de la ciudad forman una red y ofrecen tazas reutilizables con un depósito de 1 euro, las cuales pueden ser usadas en cualquiera de los cafés participantes. Este euro será devuelto cuando se deposite la taza que no será desechada, sino limpiada y reusada (hasta unas 500 veces aproximadamente). ¡Otro efecto positivo es que a menudo el café en las tazas reutilizables es más barato!

Otras muchas ideas han ido emergiendo en las ciudades con el fin de evitar los residuos plásticos alimentarios. En Seattle, por ejemplo, están considerando la prohibición de pajitas de plástico en los bares y restaurantes de la ciudad a partir del año que viene. Y en Francia, por ejemplo, se ha aprobado recientemente el veto a tazas, platos y cubiertos de plástico con el fin de mitigar el impacto del cambio climático. A partir de 2020, toda la vajilla desechable en Francia tendrá que estar fabricada en un 50% con sustancias biodegradables procedentes de materias orgánicas que se puedan ser compostadas en casa.

Una buena práctica es una cosa, pero la cultura es otra. Uno de los sistemas más amigables con el medio ambiente todavía se práctica en el sur de Europa: llevar tu cesta al mercado para hacer la compra, comer una buena comida casera con los amigos o la familia o sentarse en un bar para saborear un buen café.

Autora: Dorothee Fischer