Conocer mejor la huerta para quererla más

Observatori Ciutadà de l’Horta es un inventario del terreno agrícola que rodea la ciudad

La huerta forma parte del paisaje rural y humano de la ciudad de València y de su comarca, un espacio de donde tradicionalmente se ha abastecido de productos agrícolas  gracias a la capacidad del terreno y al trabajo de los agricultores. Actualmente, la huerta de València está amenazada y en muchos casos degradada. El Observatori Ciutadà de l’Horta es una estrategia de observación participativa por la sociedad civil, planteada por el colectivo Per l’Horta y asumida por la Concejalía de Agricultura, Huerta y Pueblos del Ayuntamiento de València, que desde principios de año financia la puesta en práctica de esta estrategia en el territorio municipal.

La idea de observar y radiografiar la huerta con la participación de colectivos y grupos de personas voluntarias viene de lejos y ya en 2013 Per l’Horta organizó las primeras salidas de campo para mapar, es decir, conocer y reconocer los diferentes elementos que forman parte del paisaje agrícola de la huerta y trasladar esa información a una planimetría digitalizada asociada a una base de datos informatizada. El objetivo es doble: por un lado, sensibilizar a la sociedad civil sobre la situación de los cultivos, las construcciones,  el patrimonio hidráulico o las posibles agresiones que sufre el territorio y, por otro, conseguir una fuente de información privilegiada sobre el estado de los diferentes espacios de huerta, es decir, una radiografía del estado de los campos en tiempo real que, además, todo el mundo podrá consultar en abierto.

Para Josep Pérez, responsable de la Sección de Agricultura y Huerta del Ayuntamiento de València, hay un motivo clave por dar apoyo  municipal a esta iniciativa: “Para que en el Pacto de Políticas Alimentarias Urbanas de Milán, entre otras cosas, se haga referencia al impulso de plataformas multisectoriales de recogida de información del sistema alimentario y de producción gestionadas por la sociedad civil. Y este proyecto encaja a la perfección”; o lo que es el mismo, València, como ciudad que ha firmado el Pacto de Milán y actual Capital Mundial de la Alimentación Sostenible, tiene la obligación de fomentar estas iniciativas.  Además, toda la información recogida por  el Observatori Ciudadà de l’Horta complementará los otros sistemas que tiene la municipalidad para conocer el estado  del terreno agrícola con la intención de emprendrer futuras actuaciones con la mayor racionalidad y conocimiento posibles. En resumen, tener la información para poder gestionar mejor.

Para hacer una observación y un mapeo exhaustivo de la huerta municipal, el territorio se ha dividido en partidas, que es la manera tradicional de delimitar el terreno agrícola, una superficie variable pero asumible por un reducido grupo de personas.  Los colectivos o  grupos de personas interesadas en participar en esta actividad tienen que apadrinar una partida; a partir de ese momento empiezan las visitas de campo que, en un principio, son guiadas por los dos técnicos que coordinan el proyecto, con la intención de explicar la metodología de trabajo y conseguir la autonomía de los padrinos, que en sucesivas visitas ya irán solos, ya que se trata de hacer un seguimiento año tras año. La forma de apadrinar es muy sencilla, solo hay que registrarse en la página web observatori.perlhorta.info o enviar un correo electrónico al Observatori y explicar cuál es el interés del grupo por el proyecto. Después se hace una reunión con los interesados y se constituye un grupo de 8 a 12 personas, que también reciben una clase de informática para completar su formación de padrino.

De momento, han empezado las primeras visitas a las partidas de Castellar-l’Oliverar, Campanar, Benimàmet, les Cases de Bàrcena, la huerta de Tavernes Blanques, Vera, Orriol, Natzaret-la Punta y en Corts, huertas especialmente amenazadas por su condición de periferia y en las que, además, existe un tejido asociativo fuerte, colectivos que han sido contactados y que han recibido la propuesta con entusiasmo.

El material que lleva el grupo de observación es un plano donde se marca el recorrido que se hará durante la salida, y un hoja con los códigos y las abreviaciones de todos los elementos que se pueden encontrar en la huerta; en ellos se diferencian: los usos del suelo, las construcciones, la vegetación, las agresiones, viales y sistemas de riego. También llevan un glosario donde se explica qué son exactamente los diferentes elementos y cómo poder diferenciarlos, ya que no siempre es fácil saber  si un campo está abandonado o en barbecho, por ejemplo.  A continuación, los voluntarios ponen sobre el plano los símbolos y abreviaturas. La G corresponde a barbecho; la A quiere decir campo abandonado o una F significa campo de frutales. Una vez se acaba la visita y con el plano en la mano, hay que entrar en la página web del Observatori y subir los datos. El último paso es validarlos y hacerlos públicos, pero eso aún no es posible porque se deben cruzar los datos y confirmar que son correctos.

Aún queda mucho trabajo por hacer y muchas partidas municipales que radiografiar durante el año que, en principio, es el plazo que se ha acordado con el Ayuntamiento. Además, ahora se añade la calor, por eso las salidas en verano se hacen por la tarde y con tranquilidad. En septiembre empezará el mapeo de los sistemas de riego, que es el más complicado. Además del conocimiento y de la importancia estratégica de la actividad, los padrinos tienen otros alicientes: se encuentran con personas que como ellos están preocupadas por el entorno y cuando acaba la visita siempre hay tiempo para rematar  con una cervecita y una conversación amigable recordando tiempo pasados, cuando la huerta formaba parte de nuestras vidas; y es que, ya lo dice Natàlia Castellanos, una de las coordinadoras del proyecto: “Solo puedes amar lo que conoces”.

Autor: Alfons Pelló
Imagen: Observatori per L’Horta